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Resenhas

Historia de la Ansiedad, Polemos, 191 p., 2007

01/04/2009 - Norberto Aldo Conti e Juan Carlos Stagnaro

Conti e Stagnaro são professores da Universidad de Buenos Aires, na Argentina. Se dedicaram a selecionar textos que datam dos séculos XVIII, XIX e XX, de célebres autores que estudaram a neurose e seus vieses de época. A histeria foi o eixo por onde transcorreu a pesquisa, uma vez que a Europa vivia o impacto dessa importante descoberta que confundia sintomas clínicos médicos e emocionais. Opto uma vez mais a deixar a palavra com os cientistas da época, com pequenos trechos que passo a transcrever e que ilustram seus pensamentos. “(...) los síntomas de la afección histérica, tan diversos, e incluso contradictorios, son. Esta enfermedad es un Proteo que tiene infinidad de aspectos; es un camaleón que cambia, sin cesar, de colores.” (Sydenham, 1755, p. 16); “También es cierto, según los relatos de Galeno, que a ellas se les debe la práctica utilizada para detener los ataques histéricos, conocida con el nombre de fricción de la vulva.” (Briquet, 1859, p. 21); “la histeria así definida es la afección mental que más importa saber reconocer, desde el punto de vista del tratamiento, pues un trastorno histérico puede curarse rápidamente, instantáneamente, bajo la influencia de las prácticas persuasivas, puestas en acción con habilidad, o durar años, la vida entera, según que su naturaleza sea reconocida o no”. (Babinsky, 1934, p. 40); “nunca deben creer sin reservas todo lo que cuentan los enfermos cuando se los interroga acerca de las circunstancias del accidente que han sufrido. (...) dudo mucho de que nuestro enfermo pueda volver a su trabajo algún dia. Hace ya seis meses que es tratado regularmente con tónicos, bromuros, electricidad estática, hidroterapia. Sin duda ha mejorado un poco, duerme menos mal, come con más apetito; pero todos los síntomas, tanto histéricos como neurasténicos, persisten en cierto grado. (...) el tema de la histeria masculina está a la orden del dia. En Francia, durante estos últimos años, ha preocupado mucho a los médicos. De 1875 a 1880, en la Facultad de París, se ofrecieron cinco disertaciones inaugurales sobre la histeria masculina y el Dr. Klein, autor de una de esas tesis realizadas bajo la dirección del Dr. Olivier, reunió ochenta casos de esta afección. (...) Esta misma circunstancia del desarrollo de los fenómenos histéricos, luego de un shock con o sin traumatismo, pero donde la emoción tuvo un papel importante, la verán también en la mayoría de los otros enfermos que ahora les presentaré.” (Charcot, 1887, pp. 50, 54, 59, 68); “Antes de transcurrir uno o dos minutos de presión moderada, durante la cual la enferma da muestras de agudo dolor, su semblante se altera, agitase violentamente en todos sentidos, con los ojos cerrados y gritando, nos ruega con palabras francesas que no sigamos tocándola. No me maldiga! !Cochon, cochon! Pide auxilio, mueve las manos, y saca el cuerpo como si tratarse de escapar de un ataque sexual, excitandose más cuanto más se continue la presión. Tiene todo el cuerpo fuertemente inclinado hacia atrás; subitamente cambia la escena, rogándonos llorosa que no la odiemos. Profiere algunos quejidos, y hace expiraciones hondas y ruidosas; estado que termina en cuanto le echamos una rociada de agua fria. La enferma presenta un ligiero sacudimiento general; se despierta exhalando hondos suspiros; pasea su mirada inexpresiva en torno de si, y produciendo la sensación de hallarse fatigada. No puede explicarse lo que le ha sucedido. (...) aunque también es cierto que la misma enfermedad le ocasiona cierta satisfacción, por lo que la misma enfermedad se resiste contra todo medio que para curarla se pone en práctica”. (Kraepelin, 1905, pp. 98, 99, 100); “los sintomas son, en algunas instancias, demasiado sutiles, ilusorios y difíciles de analizar y clasificar. (...) Frecuentemente es necesario averiguar la condición de todos o casi todos los órganos y funciones importantes. (...) Cuando la neurastenia pone sus manos sobre un hombre, probablemente deje su impresión en cada órgano y función del cuerpo; de la cabeza a la punta del pie no hay fibra que esté a salvo del ataque. Si algunas partes escapan en un ndividuo, sufren en otros. Si en una etapa de la enfermedad ciertas regiones no son afectadas, puede ser solo que sean atacadas con una violencia mayor en outra etapa. (...) Esos sintomas nerviosos, efectivamente, juegan una suerte de juego en el cuerpo, en el cual las sensaciones desagradables son empujadas de una parte a la otra.” (Miller, 1890, pp. 110, 111, 116, 165); “nada hace suponer que este hombre esté enfermo. Tiene treinta y cuatro años, es de estatura media, presenta buen semblante, no tiene fiebre, come con apetito y no tiene dolores. Pero tiene miedos.” (Brissaud, 1890, p. 171); “Durante los paroxismos, la Srta. F... no lee, no trabaja y no escribe más que en presencia de su mucana, y si está accidentalmente sola, aun en su departamento, no se sienta antes de que ella legue y se le asegure que no hay nada en el asiento que le impida sentarse.” (Esquirol, 1838, p. 182); “El tratamiento tiene una eficacia temporaria marcada y descansa enteramente sobre un empleo muy serio del tiempo, sobre una vida ordenada y disciplinada, sobre ocupaciones nuevas que llegan a ser prescriptas enérgicamente y sobre el cumplimiento cotidiano de una tarea determinada. La abolición del ocio es la primera condición del éxito y conduce en poco tiempo a fases de remisión, preciosas para el enfermo y los suyos”. (Saulle, 1875, p.189).

 

 

Sumário 

Introducción

Capítulo 1

La afección histérica, Thomas Sydenham

Capítulo 2

Definición de la histeria, Paul Briquet

Capítulo 3

Mi concepción de la histeria, Joseph Babinski

Capítulo 4

Paralisis histérico-traumática masculina, Jean-Martin Charcot

Capítulo 5

Locura histérica, Emil Kraepelin

Capítulo 6

Tratado práctico de cansancio nervioso (neurastenia), George M. Beard

Capítulo 7

La ansiedad paroxística, Édouard Brissand

Capítulo 8

El caso de la Srta. F., Jean Étienne Dominique Esquirol

Capítulo 9

La locura de la Duda (con delirio del tacto), Henri Legrand du Saulle

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